21/52 Ups, lo hizo otra vez

Abril Posas
4 min readJul 7, 2022

Hay de macho explicaciones a macho explicaciones. No es lo mismo asumir que tu interlocutora no tienen la menor idea de física porque es mujer, a intentar corregir en vivo un libro galardonado, frente a la mujer que lo escribió, mientras recibe el homenaje, en la misma ceremonia, porque como lector no te gustó el ejercicio literario que la narración logró. El nivel de audacia debe ser exactamente proporcional al miedo de confirmar que la propia relevancia se esfuma (o quizá nunca existió).

Ya muchos lo saben: Cristina Rivera Garza recibió el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2021 por el libro El invencible verano de Liliana, y en el acto de premiación Felipe Garrido tomó la decisión consciente de mejor hablar de aquellos otros libros que, a su juicio, abordan «mejor» un feminicidio.

Tal vez hay que repetirlo otra vez: Felipe Garrido, quien a su vez es un autor que ya recibió el Xavier Villaurrutia, citó libros que ya existen, de escritores que ya murieron y que publicaron sus obras hace décadas, para decir que una obra reciente, que busca otra aproximación al relato del feminicidio para abandonar la ya gastada (manoseada, abollada, utilizada hasta el cansancio) costumbre de enfocarse principalmente en el criminal e invisibilizar a las víctimas, a través de la reconstrucción del carácter de la joven universitaria que le da título al libro, gracias a la revisión de sus diarios y anotaciones que guardó durante años, lo sobrepasa. No le entiende.

Otra manera de decirlo: Felipe Garrido es tu compa el fan tóxico de Marvel (o Star Wars, Metallica, Calabozos y Dragones, Sherlock Holmes, El silencio de los inocentes o la franquicia que se desee mencionar que tiene más años que los que ahora son cabeza de los emprendimientos que nunca pudimos crear) que no entiende cómo es que hay más mujeres en la lista de súper héroes y le da un pánico enorme la famosa «inclusión forzada».

Una y ya: Felipe Garrido es el Abuelo Simpson que critica la melena sesentera de un jugador de fútbol americano, pero celebra el corte militar de otro, porque ese «sí se puede ver»:

Felipe Garrido en su onda plástico-burguesa

O sea, aquel don es la clara prueba de que no importa cuántos premios tengas, si escribes muchos libros, si conoces harto de literatura, qué tanto recicles el mismo texto y «truco» en tus charlas académicas o las acreditaciones culturales que pesen en tu currículo: cuando ya no podemos abrir la mente, ni aunque nos den con un hacha en la cabeza.

En este caso, el hacha podría ser la narrativa de Rivera Garza, a quien me gusta señalar —aunque nadie me haga caso— como una escritora que, quizá, impulse un nuevo género noir literario, que por fin deja atrás al rancio detective atormentado-alcohólico-reprimido para darle el toque real que las noticias y documentales nos han dicho desde hace años: las investigaciones realmente eficientes de feminicidios las hacen las familias de las víctimas, porque les importa, porque les duele, porque saben muy bien cómo se destruye el entramado de una comunidad a partir de este tipo de violencia y quieren evitar que siga ocurriendo, no porque les guste hacer todo sin seguir las reglas aunque no le guste a usted, maldito capitán corrupto *golpea el escritorio*

Para qué le sigo si Cristina lo dice mejor:

Tenemos una deuda enorme con todas las mujeres que antes del 2012 murieron a causa de la violencia que se ejerce contra la mujer, por ser mujer, es decir por feminicidio y cuyos casos no se nombraron así.

A mi hermana, no la mató un hombre enamorado, sino un macho criminal, mi hermana no murió asesinada, aún más fue asesinada por un hombre que ejerció contra ella una violencia inenerrable, por ser mujer.

Mi hermana fue víctima de un feminicidio y a mi familia y a mí nos importa mucho que así quede registrado en los archivos institucionales.

(…) Tenemos que salir de la indiferencia e incluso de la indolencia que el patriarcado y su Estado han impuesto sobre la violencia desatada, por lo que Rita Segato nombró y nombró bien como una guerra contra las mujeres

Yo creo que tenemos que verlas a ellas siempre, no a sus asesinos. A sus asesinos ya los vemos en todos lados. Sus asesinos tienen demasiada prensa […) Tenemos que conocer sus nombres [de las víctimas], tenemos que toparnos con los lugares donde vivieron y poner sus nombres ahí. (…) Siempre hay que incluir sus nombres [de las víctimas] y si tenemos, historias, y si tenemos, anécdotas.

No puedo esperar esa nueva narrativa mientras una colectividad de mujeres volteamos nuestros ojitos hacia atrás cada vez que, ups, el patriarcado lo haga otra vez y se niegue a morir como el terco dinosaurio que es.

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Abril Posas

Escribo. Tengo gatos. Amo el queso. Tengo un curso en Domestika.