3/52. Somos raros hasta para extrañar algo

Photo by Alex Kotliarskyi on Unsplash

Cuando comenzó la pandemia de 2020 y en algunas industrias fue posible enviar a la gente a trabajar desde casa, comenzaron a experimentar las ventajas de solo moverse al comedor para iniciar el día laboral.

Ya no había que levantarse a las 5 de la mañana para alcanzar a preparar desayunos, enviar niños a la escuela, tomar dos o tres transportes públicos o, simplemente, marchitarse en el embotellamiento de cada mañana. Solo era suficiente levantarse con 30 minutos de antelación para lavarse la cara, ponerse una camisa sin arrugar sobre la pijama y preparar el café para empezar el día.

Sin embargo, en el corazón de muchos comenzó a crecer una carencia que, con el paso de las semanas, crecía y crecía. A medida que el mes de cuarentena se estiró a tres, seis, ocho sin señas de tregua, el moho negro de la nostalgia infectó el ánimo de miles y miles de empleados en todo el mundo que, descubrieron, lo que más extrañaban no era ir al cine, viajar o comer con amigos y familiares cuando se les diera la gana.

Lo que extrañaban era el tintineo intermitente del foco de neón que nomás no se apaga y ya, el ruido de la impresora atascada (de nuevo), el incesante timbre de los teléfonos, las puertas del elevador abriéndose cada tres minutos, el murmullo de los chismes a la espalda de los de recursos humanos junto al garrafón de agua.

Nos enteramos gracias a una broma del día de los inocentes —que en el mundo eurocéntrico y gringo se celebra en abril, no en diciembre cuando apenas podemos estar despiertos por el coma diabético de las cenas y posadas de corridito— que ideó Red Pide, un estudio de música y sonido de Suecia: The sounds of colleagues.

Les invito a hacer clic en el enlace para que descubran lo que para algunos es el paraíso godín y, para otros, otra razón para deprimirse. Ahí pueden elegir el volumen de distintos elementos: desde un perro en la oficina, los dedos presionando las teclas en la computadora y, mi favorito personal y único que utilizo cuando ya no puedo, lluvia que golpea la ventana.

Tienen un disco en Spotify.

Para finales del 2020, más de medio millón de personas estaban reproduciendo sus ruidos, tanto en web como en Spotify, y, diablos, quisiera darle un abrazo a todos aquellos que tuvieron que sustituir la rutina que les hacía la vida más llevadera. Con suerte ya están de nuevo lejos de la soledad (o simplemente lo insoportable) de su hogar, refugiándose en el sonido de sus colegas. Siempre y cuando no sea alguno como el que inspiró esta pieza en particular.

Vaya que somos raros, los humanos.

Escribo. Tengo gatos. Amo el queso.

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Abril Posas

Abril Posas

Escribo. Tengo gatos. Amo el queso.

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