4/52 Este es nuestro último baile

Abril Posas
2 min readFeb 22, 2023

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Foto de PJ Gal-Szabo en Unsplash

— ¿A qué hora empieza la película?

— En diez minutos.

Eso nos da tiempo para ir por un plato pozolero atiborrado de papas fritas de Balbuena, bañadas en el jugo de los limones sin semilla que apachurro con un exprimidor a punto de oxidarse. Las heridas invisibles de mis manos arden, pero no me importa porque todavía falta abrir la nueva botella de Valentina, acomodar unas cuantas galletas Oreo en un plato, servir la Coca-Cola en un par de vasos con hielo y llevarlo todo al mezanine, ese medio piso que estaba camino hacia el segundo piso. Ahí también vivía el escritorio con la computadora, con su monitor gigante, con más fondo que área de pantalla y un CPU que a cada rato pateaba cuando hacía la tarea.

Debe ser sábado. O domingo en la tarde. Bueno, domingo no, porque en domingos venían mis hermanos a desayunar y se quedaban hasta ya entrada la tarde. En ese momento hay luz de medio día a través de las persianas, que mi madre cierra para una mejor atmósfera para ver la televisión. Sus libros nos miran desde los muebles enclenques y feos que mandó hacer con un carpintero que cobró barato; si movemos un ejemplar, toda la estructura se tambalea. Sin embargo, jamás se nos cayó encima y aguantaron otras 3 mudanzas.

No recuerdo qué película íbamos a ver. Sólo tengo en mi memoria el ritual: las papas, las galletas, el refresco, los cigarros de mamá. Cada vez me cuesta un poco más recordar todo lo que hicimos, cómo sonaba por el teléfono, el olor de su ropa, de la que ya solo tengo un suéter que tejió hace mucho tiempo.

Mi madre se fue antes de que tuviera un celular con cámara. Es como una tragedia en donde se cruza la pobreza y la oportunidad: si ya hubiera existido el iPhone, de todas formas no hubiera podido comprarlo hasta dos años después de su muerte. O sea, sin manera. A veces observo a las personas que le toman foto o video a todo lo que hacen, todo lo que sucede a su alrededor. Los sesudos dicen que es porque tienen miedo a olvidarlo todo. ¿Ustedes creen, genios? Lo que daría por tener un registro de una tarde de películas, al menos para poseer el testigo de eso que fue la felicidad. Esa que, ¿cómo dijo Leia Guerrero?, es la que nos sostiene cuando la tenemos, es la que nos mata cuando la perdemos. O algo así.

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Abril Posas

Escribo. Tengo gatos. Amo el queso. Tengo un curso en Domestika.